
IR A NOTODO.COM |
| 25 de septiembre de 2008 por after (a las 16:58) |
NOTAS DE UN DIARIO DE RODAJE ENCONTRADO EN UN BOLSILLO I
|

(23 de junio, 2008) Es lunes. Primer día de rodaje. Estamos en un polígono industrial. Son las doce y media de la noche y se ensaya la primera secuencia de la película: Julio intenta sacar dinero de un cajero sin suerte. Me acerco al script y le pregunto: “¿Tú crees que esto tendrá algo que ver con el futuro de la película?”. El script se gira y tarda un segundo en contestarme: “¿Ya empezamos otra vez con las metáforas?”.
(21 de julio, 2008) Conversación entre dos figurantes oída en el set, afterhours. ÉL, cerca de los cuarenta; ELLA, poco más de treinta. ELLA: Yo te conozco. ÉL: ¿Perdona? ELLA (asiente): ¿No te acuerdas de mí? ÉL: No. ELLA (sonríe): ¿Seguro? ÉL: No, no sé… Ahora mismo… ELLA: Claro que sí, hombre. Tú y yo hemos follado, ¿no te acuerdas? En los baños del CN.
(5 de agosto, 2008) Es la historia de Manuel. Como no podíamos contar con Charles Laughton, decidimos hacerlo con un perro y un niño. El niño se llama R.; U. es el nombre de la perra. R. tiene una mirada que desarbola y un extraño idilio con la cámara. La pongan donde la pongan, R. la localiza y no deja de mirarla. Es un verdadero experto. Alberto y Tristán se han inventado un juego: quien mire menos a cámara, gana. No hay otra forma; y ni con esas. Si hoy ha ganado es porque se ha quedado dormido en el coche, entre réplica y réplica. Con todo, su mirada vale oro. A veces tengo la sensación de que me mira como desde otro lado. Me da pudor decirlo, pero mirándolo me pregunto: quién es de los dos el adulto. (…) En cuanto a U., la perra, tiene su propio coach y sus salchichas. Su coach es J.F., un tipo afable con un aire a Omero Antonutti cruzado con Robert De Niro. Su comunicación básica con U. se reduce a dos palabras mágicas, a saber: “ras”, cuando quiere que U. se arrastre; y “tumba”, cuando quiere que se tumbe. A veces funcionan, otras no. Hoy no han hecho falta ninguna de las dos. Son las cuatro menos cuarto de la tarde, y en esta casa en medio del campo, entre chicharras, me atrevería a decir que un tercio del equipo ha dejado la comida a medias y se ha arrastrado por el suelo del salón para buscar un hueco donde tumbarse y sestear un rato. Yo llego tarde y no encuentro sitio. No exagero. U. ladra de pie, en una esquina. No me extrañaría que estuviera protestando por lo que sobreactuamos los humanos.
|
|
 // hay [23] comentarios. Introduce el tuyo.
|
|
| 18 de septiembre de 2008 por after (a las 16:33) |
ALGO PARECIDO AL REMORDIMIENTO
|


Entre sus costumbres, B y M tienen la de nunca citarse. “Cualquier intento de establecer analogías entre la estructura atómica y la estructura del mundo está condenado al fracaso”, dice M que es autodidacta y justifica sus colisiones con B según el principio de incertidumbre de Heisemberg mientras moja un cigarrillo en cocaína. “La soledad es un problema de proporciones”, sostiene B que se gana la vida haciendo maquetas. A M no le importa que B sea bajito o esté perdiendo pelo; para ella B es como Ben Gazzara después de una lluvia de electrones. Por lo que hace a B, suele ocurrir que mire a M a través del espejo del baño –el billete enrollado en la mano, medio encorvado frente a la cartera en el lavabo- y afirme que lo que más le gusta de ella es su arquitectura y su rotunda disposición en el espacio -es evidente que entre uno y otro comentario M y B se descojonan-.
Hasta ahora nadie sabe –ya lo saben- que tanto B como M tienen una pareja estable a la que aman, cada uno a su forma. Y aunque ya he advertido que no hay premeditación en sus encuentros –los teléfonos que se intercambiaron la primera tarde que despertaron juntos siguen siendo falsos-, cada vez que la incertidumbre de M choca con el mundo en miniatura de B a altas horas de la noche, en un tugurio, se da un extraño fenómeno nuclear por el que los dos acaban borrachos y follando como cerdos. No voy a dar más detalles al respecto; allá cada cual con sus costumbres. Sólo diré que hoy, después del último encuentro, mientras almorzaban sentados a la barra de una cafetería en un polígono industrial -B un plato combinado del número 7 + resaca, M un sándwich especial de la casa + resaca-, alguien ha cambiado el canal de la televisión de pago y M y B se han quedado en silencio viendo a M. M. caminar sobre sus platos hacia la playa al final de una película. Luego B se ha inventado que tenía que ir al baño y M ha pedido la cuenta sin mirarlo, rebuscando en el bolso. Ninguno de los dos ha sabido explicarse lo ocurrido. En la calle, M y B se han dado un beso y han tomado taxis distintos. Nunca más volverán a encontrarse. Supongo que como debió ocurrirle a M. M., no debe ser fácil reconocerse en un monstruo marino muerto y varado en la orilla de una playa y seguir sobreviviendo siendo el mismo. Hay cosas demasiado recónditas para un físico, aunque sea alemán, e irreproducibles en una maqueta.
|
|
 // hay [20] comentarios. Introduce el tuyo.
|
|
| 10 de septiembre de 2008 por after (a las 14:30) |
JULIO 2
|


Ha puesto a Bach / en el cassette. Me ha dicho / que se iba a ver a unas amigas / -un favor, me ha recordado, que le debe / a no sé quién-. Yo leo un libro, / fumo; el cenicero / está sobre la colcha.
He apagado todas / las luces de esta casa. Y al volver / -los pies desnudos sobre el mármol- / de la cocina, en una mano el café, / el ascua roja del cigarro en otra, / me he detenido, como con miedo, casi, /a escuchar el latido acompasado / de mi corazón.
Música de recámara, de Roger Wolfe.
|
|
 // hay [8] comentarios. Introduce el tuyo.
|
|
|
|
|
|
|